COP29: Acuerdo in extremis para la acción climática

Suena irónico, pero en las chimeneas de la COP29, la madrugada del pasado domingo, salieron fumarolas blancas. Se esperaba que hubiera acuerdo, pero no llegaba. Hubo momentos de seria preocupación por el posible fracaso de las negociaciones sobre la agenda climática en la Cumbre de Bakú.

Sin embargo, al final de cuentas, el mundo occidental alcanzó el consenso para dar una buena provisión de “combustible” a la acción global de descarbonización con un financiamiento histórico de 300,000 millones de dólares, que los países desarrollados otorgarán a los países en desarrollo de forma anual a partir de ahora y hasta 2035.

Las expectativas de los países del G77 eran, por mucho, más altas; por lo que en la que ya es considerada como “la COP de las finanzas”, previo a alcanzarse un consenso, hubo tensiones y hasta amagos de ruptura de las negociaciones.

Según el comunicado oficial de la ONU, su Secretario General António Guterres, subrayó en su declaración para la clausura de la COP29 que “esperaba un resultado más ambicioso, tanto en materia de financiación como de mitigación, para afrontar este gran desafío. Pero este acuerdo proporciona una base sobre la cual construir”.

La COP29 llegó a su cierre; y ahora en todos los países se abren nuevas agendas y nuevos desafíos para hacer frente, desde lo local, a la crisis climática.

Las bases de la acción climática están en la acción local.  La agenda climática global ahora inicia un proceso de “tropicalización», para convertiste en medidas de política pública nacionales.

En ese contexto, en SIMA Energía creemos que las siguientes notas a manera de perspectivas pueden ser relevantes para líderes y tomadores de decisión empresariales:

La COP29 es el marco en el que  nuestro país ha reiterado su compromiso con la adopción creciente y sostenida de energías limpias mediante el Plan Nacional de Energía, así como de implementar una política de reforestación sin precedentes,  entre otras medidas.
Para que la matriz energética nacional se descarbonice, la electrificación (la adopción de la energía eléctrica en sustitución de fuentes altamente contaminantes como los combustibles fósiles) no solo deberá tener continuidad, sino incrementar su velocidad y alcances mediante más inventivos e inversiones.
La reforestación, como herramienta para la generación de contrapesos ecológicos a la emisión de contaminantes de la actividad productiva, tomará nuevas dimensiones y convocará a la participación de quienes estamos convencidos de que el verdadero progreso es, siempre, ambientalmente sostenible.
Las tecnologías de movilidad eléctrica seguirán en su ruta de expansión, simplemente porque ofrecen una alternativa de descarbonización con buena “trazabilidad”; esto es, que sus efectos y retornos ambientales son cuantificables y medibles, como no sucede aún con otro tipo de esfuerzos de descarbonización.

La agenda global contra el cambio climático, por el momento, se ha centrado en la financiación, pero a nivel local, es decir, en las bases de esta agenda, la palabra clave será, con cada vez mayor énfasis, la mitigación. Así que en el sector productivo tenemos mucho que hacer, y será mejor que sumemos capacidades.

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